Cómo cruzar la calle en Ho Chi Minh

saiogn motos

Para aprender el arte de la confianza, se llevó a un grupo de autoayuda a las calles de Ho Chi Minh, en Vietnam. Aquellos eternos escépticos debían realizar su última prueba: cruzar las calles atestadas de motos sin frenar, sin retroceder. Otra cosa no puede hacerse, porque hay que caminar para que el motociclista calcule la distancia y lo esquive. Casi no hay semáforos y ninguna rueda se detiene.

Hay que confiar. Confiar o confiar, no queda otra. Si la prueba sale mal, ese año el peatón comerá pan dulce con San Pedro, ya sea por negligencia del motorizado o por falta de seguridad que lo hizo detenerse en mitad del paso. De todas maneras, a las calles de Ho Chi Minh hay que cruzarlas. La primera vez será dificil, el corazón en la boca, las piernas que tiemblan. Si tiene suerte quizás las motos no doblen en diagonal, o quizás un vietnamita decida cruzar también. Entonces se sentirá seguro, e irá al campo de batalla gritando “This is Sparta” porque sabe que podrá hacerlo si está acompañado.

Si está solo, mi querido amigo, la prueba es dura pero no imposible. Primera regla: no vacile, no sea dubitativo. Si lo hace, le sucederá como a esta cronista y pasará minutos mirando la calle sin atreverse a cruzar. Es como en el sexo: no piense, haga. Y pasada la primera vez, de nuevo como en el sexo, querrá perfeccionarse, porque sabe que puede hacerlo mejor.

Entonces cruzará la calle cada vez más seguro, más confiado. Verá cómo los cascos y barbijos le rozan desvergonzadamente el cuerpo.. y será como una brisa de verano.

Usted, mi amigo, habrá aprendido el arte de cruzar la calle en Ho Chi Minh, y será bienvenido a Vietnam sin necesidad de seguro médico.

Próxima prueba: evitar el contacto visual con vendedores compulsivos.

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La luna es luna, el reloj es reloj

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No quiero tener que contarte
Qué tiene de lindo la luna.
Si ayer nomás te reías de mí,
Que la miraba impávida,
mientras vos mirabas el rejoj.
Y entre ese tic tac me explicaste
Que la tierra tiene un piso,
No un cable que te une a la savia de la vida,
Como yo siempre pensé,
Sino un piso. De esos que te hacen sangrar los pies
Porque te quieren avisar que allí no hay nada.
No hay abajo, no hay arriba, no hay ayer, no hay después.
No hay poesía.

Fijate cómo te sangran los pies bien clavados en el piso, me dijiste.
Miro los tuyos. Me pongo a llorar.
Fijate cómo la luna es luna, y el reloj es reloj,
Cómo tu boca no te sirve para comerte al mundo.
Date cuenta nena, me dijiste.
No existe tal revolución de querer cambiar las cosas.
Las cosas son cosas. Fijate bien.
El cielo no llora. Llueve.
La madre tierra no es madre de nadie.
La tierra es tierra, me dijiste.
Y la madre, madre.
Ninguna rosa te desgarra
Y no te puede matar una guitarra.

Y así te fuiste, a clavarte los pies todavía más hondo
En el piso tedio, en el piso zapping, en el piso shopping.
Y no llegué a explicarte que existe gente sin swing,
Como vos decís, como me contaste,
Que no pueden mirar la luna,
Que no entienden la luna.
Que la miran y la llaman luna,
Porque dicen que la luna es luna
Y las cosas son cosas.

El reloj te apuró y te fuiste,
Y ahora ya no quiero contarte cómo es que una guitarra
También puede ser ventana.
Se puede ser la rosa que desgarra,
Se puede ser piso de nubes y pies que no sangran.
Se puede ser madre y tierra a la vez.
Se puede ser luna también.
Date cuenta nene, fijate bien,
Que vos también podés ser luna.